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Luis
B. Ramos: PIONERO DE LA FOTOGRAFÍA
MODERNA EN COLOMBIA «Los riquísimos lechos subterráneos» Por Beatriz
González Luis B. Ramos
nació en el año en que estalló la guerra de los Mil Días, el más cruento
conflicto bélico en Colombia, y murió calladamente, rumiando quizá su
fracaso, durante el último año de la dictadura militar de Gustavo Rojas
Pinilla. Su ciclo vital (1899-1955) se desarrolló durante una de las épocas
más interesantes del país, llena de acontecimientos, de cambios políticos y
de aparición de las ideologías. Sin embargo, Ramos no se comprometió con
estos hechos históricos sino que se declaró un decidido luchador por la
belleza. ¿Cuál era la belleza por la que luchaba? ¿Qué belleza era la que
buscaba? ¿Que comprendía por belleza? Los nutridos
comentarios y aproximaciones a su obra dan indicios, pistas, de su concepto
de belleza. Ramos regresó al país en 1934 después de permanecer seis años en
Francia, becado parcialmente por el gobierno colombiano para realizar
estudios de Bellas Artes. Adolfo Samper (1905-1991), quien obtuvo esa misma
beca, también regresó a Bogotá aquel año. Tanto Ramos como Samper, de grandes
dotes artísticas, abandonaron la pintura en poco tiempo. Los dos se dedicaron
a artes relacionadas con el periodismo. Samper a la caricatura y Ramos a la
fotografía. La fotografía,
como la caricatura, ha sido siempre un arte polémico; su verdadero carácter
es elusivo. En la fotografía, el azar y lo mecánico conspiran contra su
dignidad artística. Aunque el azar desempeña un papel notable en toda
creación, lo que molesta seguramente en este arte es su poca manualidad. Una
fotografía no se realiza a golpes de cincel, ni con movimientos continuados
de muñeca. Sin embargo, a semejanza de los artistas plásticos, el fotógrafo
es un permanente cazador de belleza. Luis Benito Ramos —de origen campesino,
nacido en Guasca, una población, como tantas de Cundinamarca, situada en el
páramo— hablaba de la fotografía como una manera de "pelear por la Belleza,
gozar con ella" . Esta búsqueda lo llevó a realizar una obra cuya
sinceridad cautivó a sus contemporáneos y sigue vigente, no como simple
documento social sino como una obra de arte. Luis B. Ramos es
considerado el padre de la fotografía moderna colombiana. Tal como ha
sucedido con los procesos fotográficos en el país, un invento foráneo, por
ejemplo la cámara pequeña especial para reportajes, es utilizada con
dedicación por el artista nativo. En el caso de Ramos se trata de la
"Rolleicord" que compró y utilizó en Europa; a su regreso al país
en 1934, la trajo consigo. Con ella en el bolsillo sorprendió a sus colegas
en el hipódromo de Bogotá, quienes esperaban ver una pesada y complicada
máquina; poco después los sorprenderá de nuevo con la "Rolleiflex".
Pero su importancia no se debe sólo al hecho de haber introducido los
progresos técnicos, sino que según la sensibilidad de la época, realiza lo
que ha definido Henri Cartier-Bresson (1908) como "la fotografía que
surge de la vida" El decenio de 1930
es particularmente importante para la historia política y artística del país.
Es decenio de la esperanza, que visto ahora en perspectiva histórica se le
encuentra frustrado. El pueblo colombiano liberal veía la bandera nacional en
los atardeceres y estaba convencido que el proyectado cambio de las
condiciones sociales era ya un hecho. El arte estaba marcado por el
indigenismo y el muralismo. Las paredes de los edificios públicos esperaban a
los artistas que regresaban de Europa para pintar en ellas las gestas de la
raza indígena. Así fueron llegando Pedro Nel Gómez (1899-1984), Ignacio Gómez
Jaramillo (1910-1970) y tantos otros, quienes pronto se convertirían en
artistas comprometidos, abanderados del fresco y del muralismo. Ignacio Gómez
Jaramillo narra de esta manera el momento de llegada de los artistas:
"Hacia el año de 1934 regresaron al país algunos pintores jóvenes —en
ese entonces— quienes habían estudiado libremente en Europa y conocían todos
los ismos representativos del siglo XX. Habían aprendido la lección
cezanniana entre otras y concebían la pintura como un problema plástico que
era preciso resolver llenando inteligentemente con medida, geometría, ritmo,
estructura y poesía, la superficie de un cuadro o de un muro". Luis B. Ramos,
quien estudió pintura mural, muy precavido se trajo una cámara con la cual se
había ejercitado en la Bretaña, región de Francia donde Gaugin (1848-1903) y
los nabis encontraron no sólo la vida ruda y primitiva que buscaban sino los
expresivos temas naturales. Aunque no se han podido encontrar los reportajes
que realizó de esta etapa inicial, sí se puede deducir que la vida de esas
gentes del campo le debió recordar sus orígenes. Una fotografía — podría
tratarse de un autorretrato— lo muestra en el mar del norte sentado sobre las
rocas pintando con el caballete al borde del mar, que también sirvió de
inspiración a los pintores franceses como Gustave Courbet (1819-1877), Claude
Monet (1840-1926), Paul Gaugin, Emile Bernard (1868-1941), Paul Sérusier
(1863-1927) y Maurice Denis (1870- 1943). Aunque su primera
propuesta al medio artístico bogotano fue la de una exposición pictórica,
simultáneamente se presentó como reportero gráfico. Esta modalidad era
novedosa puesto que no se trataba de cubrir la noticia, como lo habían hecho
algunos de sus predecesores, sino que él mismo elegía los temas y los
ilustraba con sus fotos. Si bien fue acogido particularmente por los medios
como pintor, con la propuesta fotográfica fue aceptado de inmediato en el
país porque representaba rompimiento y modernidad. Según Jorge Moreno
Clavijo, "revistas y periódicos solicitaron su técnica, se disputaban
sus fotografías" . Fue así mismo comprendido por sus contemporáneos. Su obra originó
interesantes reseñas sobre la fotografía. La revista Pan, de la cual era
colaborador, impulsó concursos fotográficos; Ramos con sus reportajes dirigió
la mirada de sus discípulos y seguidores hacia la cultura inherente de
ciertos productos de la mano del hombre; es así como en su obra y la de otros
jóvenes fotógrafos comienzan a aparecer tejidos, caballitos de Ráquira,
pesebres y vasijas de barro. Luis B. Ramos no
era un fotógrafo más; era un pintor que había adquirido en Europa una cultura
aceptable, la cual le permitía alternar con algunos intelectuales de la capital.
Sus fotografías fueron publicadas en 1937 por la revista alemana
Gebrauchsgraphik acompañadas de un artículo elogioso que a su vez reprodujo
la revista Pan. Allí se analiza su visión aguda dirigida a las
características de su propio país. Lo más importante fue su mirada particular
al pueblo, a la raza; independiente del aspecto retórico de los escritores y
artistas quienes se autodenominaron Bachués, que buscaban temas autóctonos
como la diversidad étnica, quiso ver la realidad. Para él la obra de arte representa
el carácter, la vida misma de un pueblo. Sus campesinos, obreros y niños no
tienen el enfoque artificial que los coloca bajo un virtual reflector, ni la
asimiló a la actitud tendenciosa del turista, de la tarjeta postal. Promovió
la foto inédita, sin retocar. Como lo expresó el
poeta Rafael Maya, "Ramos no entiende lo autóctono ni como el empeño
arcaizante por resucitar formas de culturas muertas, ni la realización
pintoresca de lo típico o anecdótico que haya en la raza o en el suelo... El
espíritu de una raza está mas allá de su atuendo ornamental, esto es, en la
propia raíz de sus dolores y sus esperanzas: en los riquísimos lechos
subterráneos donde se ha ido depositando la experiencia común" A pesar del
problema personal que le planteaba el tener como fotógrafo un éxito mayor que
como pintor, en sus obras de reportería no reflejaba la frustración que le
causaba el no lograr un lugar destacado en el mundo de los pintores. Además
el su trabajo fotográfico le absorbía todo su tiempo y energía: "Nos
íbamos a las barriadas, a los suburbios, a las aldeas sabaneras. Él iba
descubriendo con refinada habilidad, la miseria, el dolor, el hambre, la
angustia del pueblo. Retrataba las covachas, los ranchos mezquinos y
frondios, los niños que dormían en el umbral de un templo. Gastaba rollos y
mas rollos en documentarse. Parecía que lo moviera una angustia para
contaminarse con el dolor, con la miseria, con la desnudez, con el hambre y
el frío" De lo que no podía
percatarse Ramos era el drama que significaba ser pintor o escultor en
Colombia en el decenio de los treinta. Ser artista era enfrentarse a un grupo
social en el que se buscaban corrientes artísticas opuestas: la academia y el
paisajismo finisecular frente al indigenismo y muralismo que se presentaban
como vanguardias. ¿Y dónde estaba el arte moderno?, en unos pocos iniciados
que sabían de Paul Cézanne (1839-1906) y del cubismo. Quienes lo defendían o
intentaban aproximarse en sus obras a las tendencias contemporáneas eran
acusados de "acratismo estético" y de "desenfrenada búsqueda
de originalidad" . Entonces surgían las mezclas peligrosas: muralismo a
lo Cézanne o indigenismo académico. Artistas
talentosos por falta de orientación crítica fueron sometidos al azaroso
camino de tendencias estéticas contrapuestas. Muchos pudieron ser
clasificados más tarde dentro de la "generación quemada", al decir
de Germán Arciniegas. Afortunadamente Ramos encontró herramientas rápidas y
precisas como la fotografía, que le permitieron aplicar los mismos principios
que trataba de dar inútilmente en su pintura. La belleza que buscaba la
encontró durante sus recorridos de reportero donde se enfrentó a "la
propia raíz de sus dolores y esperanzas" . Como hombre del pueblo que
era, como hombre del campo, tal como había nacido, sabía de estas recónditas
verdades. Esta búsqueda profunda fue tan tenaz como su puño cerrado —gesto
que se aprecia en la caricatura de Jorge Moreno Clavijo—; en su aspecto
físico hay algo de Orozco y en su empeño cultural mucho de los grandes fotógrafos
americanos como el peruano Martín Chambi (1891-1973) y el mexicano Manuel
Álvarez Bravo. Como ellos, Ramos
se dio el lujo de perseguir la belleza, no la noticia. De ser cazador de lo
bello y no de la novedad. Pero, ¿qué era para él lo estético? De las crónicas
antiguas y modernas sobre su obra surgen varias definiciones: Según el más
reciente estudioso de su obra, el crítico Álvaro Medina, "el artista no
aspira a lo complejo y grandioso sino a lo grave y sencillo" Para el escritor Germán
Arciniegas, el valor de su obra parte de lo ético: "Ramos tiene una
personalidad moral que vale tanto como su personalidad artística" .
Según Hernando Téllez su obra es moderna porque "restaura la
realidad" ¿Cuál era su
estética? La mirada sincera. Por ello admiraba en Diego Rivera (1886-1957)
"el deseo de buscar una expresión propia" . En el campo formal
aplicaba una geometría innata en los enfoques. Esta geometría ha
caracterizado a los grandes fotógrafos modernos, particularmente Cartier-Bresson.
En Colombia esa es el arma que distingue también a Carlos Caicedo (1929), un
digno sucesor de Ramos. El encuadre riguroso se antepone al azar. El manejo
de la luz y del blanco y negro llamaron la atención en su tiempo y sorprenden
en la actualidad. La carrera pública
de Ramos sólo duró diez años. Entre 1934 y 1944 realizó una obra que lo sitúa
en un alto lugar en las artes plásticas colombianas. No dejó de trabajar en
pintura, dibujo o fotografía, además de practicar la docencia; Ramos tuvo la
oportunidad de aparecer y la inteligencia de desaparecer. Tuvo la respuesta
para el momento artístico. Ser moderno fue para él captar el instante de la
verdad del país. Bibliografía: Ramos, Luis B,
"Algo sobre fotografía", en Pan, Nº 18, Bogotá, diciembre de 1937,
pág. 163. Hill, Paul;
Cooper, Thomas, Diálogo con la fotografía, Barcelona, Editorial Gustavo Gili,
S. A., 1980, pág. 79. Gómez Jaramillo,
Ignacio, Anotaciones de un pintor, Medellín, Ediciones Autores Antioqueños,
1987. Moreno Clavijo,
Jorge. "El artista rebelde, Luis B. Ramos", en Estampa, Nº 150,
Bogotá, 4 de diciembre de 1941. Maya, Rafael,
"Discurso de inauguración de la exposición pictórica de Luis
Ramos", en ?, Bogotá, octubre de 1934. Ximénez,
"Luis B. Ramos, La rebeldía recóndita" en El Tiempo, Bogotá, 28 de
julio de 1940, pág. 4. Castillo, Eduardo,
"Borrero Álvarez" en Cromos, vol. XXXI, Nº 762, Bogotá, 16 de mayo
de 1931. Maya, Rafael"
Op. cit. Medina, Álvaro, El arte colombiano de los años veinte y treinta,
Bogotá, Colcultura, 1995, pág. 143. Arciniegas,
Germán, "Ramos o el pintor en busca de la simplicidad" en Lecturas
dominicales, El Tiempo, Nº 541, Bogotá, 15 de julio de 1934. Téllez, Hernando,
"El arte fotográfico de Ramos" en Textos no recogidos en libro,
Bogotá, Colcultura, t. 2, pág. 853. Medina, Álvaro,
Op. cit., pág. 143. ©
Documento publicado en el servidor del Banco de
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Página
creada por Miguel
Antonio Peña Peña © 1998. Actualización 16 de julio de 2004 |
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